Este trabajo analiza la evolución del sistema educativo uruguayo, destacando la transición desde la base pedagógica de la Iglesia Católica hasta el modelo educativo actual del Plan 2023. Al comienzo la Iglesia fundó las bases de la educación occidental y colonial, preservando la cultura y promoviendo un humanismo integral orientado a la formación moral y la salvación. En Uruguay este predominio enfrentó una ruptura radical en el siglo XIX con la Reforma Vareliana, que impuso la laicidad y la formación para la ciudadanía democrática, desplazando el dogma religioso en favor de la razón y el método científico. El análisis revela que, aunque existe una secularización técnica, persiste una continuidad en la búsqueda de la dignidad humana y la solidaridad.

Actualmente el Plan 2023 profundiza estas rupturas al situar al estudiante como protagonista autónomo de su aprendizaje en entornos multimodales. Este modelo prioriza el desarrollo de competencias sobre la memorización, consolidando un sistema basado en los Derechos Humanos. Para sintetizar dicho resumen, la educación nacional ha transformado sus fundamentos teológicos en una ética civil, manteniendo el compromiso con la perfección integral de la persona.

INTRODUCCIÓN.

En el presente ensayo se pretende analizar la influencia de la Iglesia Católica en la educación uruguaya, explorando las permanencias y rupturas que se han plasmado desde la tradición pedagógica occidental hasta la implementación del actual Plan 2023. Se busca comprender cómo la Iglesia, la cual por muchos siglos fue el pilar principal de la enseñanza en Occidente, debió renegociar su espacio frente al avance de los procesos cómo el laicismo que definieron la identidad nacional uruguaya en el siglo XIX.

Es importante comprender la relevancia de la Iglesia en la educación occidental a lo largo de la historia, ya que la misma estructuró las bases del saber desde la etapa patrística y medieval. Figuras como por ejemplo, San Agustín, instaló una pedagogía del interior que presentaba a Cristo como el único maestro, ya en la Edad Media, las órdenes monásticas y figuras como San Isidoro de Sevilla cumplieron un rol vital al compendiar el conocimiento universal. Esta tradición no solo preservó la cultura clásica, sino que también desarrolló métodos de enseñanza que integraban la fe y la razón, sentando las bases de las primeras universidades europeas.

Por lo que la influencia eclesiástica fue el punto de partida de la instrucción formal durante el periodo hispánico. Desde las primeras misiones jesuitas y franciscanas en el siglo XVII, el ideal cristiano de perfección fue el eje de formación del hombre en la Banda Oriental, extendiéndose en las primeras cátedras de estudios superiores y también, en la fundación de la propia Universidad de la República (impulsada por sacerdotes como Dámaso Antonio Larrañaga). Durante el siglo XIX, el catolicismo y el Estado coexistieron en una armonía o equilibrio donde la religión era el fundamento indispensable de la moral pública, como así también en la base moral de la sociedad ya que de la educación se transmiten ideas, valores y se forma a la ciudadanía.

No obstante, en la segunda mitad de este siglo, se marcó una ruptura fundamental con la llegada de la Reforma Vareliana. Las posturas de José Pedro Varela y Jacinto Vera transformaron la educación en el escenario de una lucha de ideologías. Por lo que se llevó a cabo una ruptura de la armonía existente hasta entonces entre la religión y la educación.

Por su parte, Varela proponía una escuela laica, gratuita y obligatoria como instrumento de democracia. En contraposición la Iglesia advertía que la exclusión de Dios de las aulas iba a conducir a una erosión de los valores espirituales de la nación.

En la actualidad, este debate sigue presente bajo nuevas formas en el Marco Curricular, donde la laicidad uruguaya se enfrenta al desafío de integrar una formación integral en un sistema que, aunque profundamente secularizado, sigue en plena conversación con las raíces de su tradición occidental. El análisis de este proceso es esencial para entender las tensiones entre la religión y lo laico han estructurado el perfil ciudadano y el modelo pedagógico del Uruguay actual.

APORTES DE LA IGLESIA EN LA EDUCACIÓN OCCIDENTAL.

La Iglesia Católica ha desempeñado un papel fundamental en la configuración de la educación en Occidente, actuando como el principal motor de conservación y difusión de la cultura desde la caída del Imperio Romano.

Sus aportes se estructuran en torno a la creación de una infraestructura institucional, el fomento de la lectoescritura, la fundación de los estudios superiores y una sólida base moral.

La Iglesia estructuró el primer sistema educativo formal de la Europa medieval a través de diversas instituciones. Los monasterios se convirtieron en focos de irradiación cultural, dividiéndose a menudo en escuelas internas para los futuros monjes y externas para laicos y pobres.

Las escuelas catedralicias surgieron posteriormente para formar al clero secular y fueron el antecedente directo de las universidades. La Compañía de Jesús revolucionó la enseñanza secundaria con su Ratio Studiorum, un plan de estudios global y sistemático que integraba las humanidades clásicas con la doctrina cristiana.

Figuras como San José de Calasanz fundaron las Escuelas Pías, consideradas la primera institución de enseñanza primaria gratuita y organizada de la historia moderna. Asimismo, San Juan Bautista de la Salle impulsó las escuelas normales para maestros y la enseñanza en lengua materna.

En el contexto rioplatense, los franciscanos y jesuitas establecieron las primeras escuelas de primeras letras y cátedras de estudios superiores, sentando las bases de la instrucción en el actual territorio uruguayo (hablando sobre la presencia en américa). “(…)Comenzaron con el segundo viaje de Colón, que fue el que contó con mayor número de clérigos de todas las expediciones que salieron de España para América. Y éstos fueron, realmente, un grupo elegido, producto de un renacido ascetismo y disciplina, grupo de vanguardia que supo combinar el celo misionero con una real y sensitiva conciencia de amor y enseñanza(…)” (Villegas et al, 1978: p195).

Durante la colonización de América, la Iglesia Católica desempeñó un papel fundamental en la difusión de la educación. Las órdenes religiosas fundaron escuelas, enseñaron lectura y escritura y desarrollaron materiales para el aprendizaje de las lenguas indígenas. Como señala Moreno, “donde había un convento, debía haber una escuela”, lo que demuestra que la acción educativa formaba parte esencial de la misión evangelizadora de la Iglesia.

Los misioneros fueron educadores y se sostiene que los religiosos que llegaron a América no se dedicaron únicamente a evangelizar, sino también a enseñar. Aprendieron las lenguas indígenas, elaboraron gramáticas y diccionarios, enseñaron lectura y escritura, también, fundaron escuelas. Se muestra la relevancia que tuvo la Iglesia como una de las primeras instituciones educativas del continente.

Si bien el objetivo principal era la conversión religiosa de los pueblos indígenas. La enseñanza también incluía leer, escribir y la doctrina cristiana. La educación no era concebida como una actividad independiente, sino como parte de la misión evangelizadora.

LA EDUCACIÓN CRISTIANA EN LA EDAD MEDIA.

Según Moreno, durante la Edad Media, la Iglesia Católica se consolidó como la única conservadora de la cultura en Occidente, tras la caída del Imperio Romano y la desaparición de las escuelas de gramática y retórica clásicas. En este periodo, los monasterios se convirtieron en centros de vida social y focos de irradiación cultural, donde la educación estaba subordinada a los fines de la fe y la doctrina cristiana.

Las órdenes monásticas estructuraron un sistema educativo basado en el ideal de perfección cristiana, donde el régimen monástico representaba la máxima realización de dicho ideal.

Mencionando la organización escolar, surgieron las escuelas monásticas, divididas frecuentemente en internas (para los oblatos o futuros monjes) y externas (destinadas a laicos o pobres, de carácter gratuito).

La enseñanza se centraba en las siete artes liberales, divididas en el trivium (gramática, retórica y dialéctica) y el quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música), siempre orientadas a las necesidades de la Iglesia.

La Regla de San Benito Bajo el lema ora et labora (reza y trabaja), se impuso una actividad cotidiana disciplinada que incluía varias horas diarias de lectura de libros sagrados y edificantes, haciendo del monasterio un verdadero centro de formación intelectual y espiritual. El rol de Casiodoro: Fue pionero al introducir en el régimen monástico la obligatoriedad del estudio de las letras sacras y profanas, fomentando la transcripción de textos clásicos en los scriptoriums.

La Iglesia ejerció un papel fundamental en la reunión y sistematización del saber universal, buscando una síntesis científica acorde con la doctrina de Jesucristo.

Figuras como San Isidoro de Sevilla con sus Etimologías y San Beda el Venerable con su empeño enciclopedista, buscaron reunir todo el conocimiento alcanzado hasta el momento para ponerlo al servicio de la formación religiosa.

El procedimiento conocido como lectio fue una corriente de enseñanza, era la lectura y comentario de textos. Hugo de San Víctor distinguía entre la lectura compartida (escuchada o leída para otro) y la lectura callada, considerada esta última como la mejor para la profundidad intelectual.

Autores como Vicente de Beauvais, a través de obras como el Speculum Majus, intentaron resumir todo el saber logrado por los pensadores escolásticos de la época.

Desde sus inicios, el cristianismo introdujo un nuevo concepto de educación denominado catequesis, que buscaba la transformación íntima del hombre.

El “Credo” y la “Didaché”, surgieron fórmulas de instrucción dogmática y moral que sintetizaban las creencias fundamentales para recibir el bautismo y ofrecían pautas de conducta basadas en “los dos caminos” (la vida y la muerte).

El Catecumenado, fue la institución encargada de preparar moral e intelectualmente a los adultos para el ingreso a la comunidad cristiana, con una formación que solía durar de dos a tres años y se centraba en la historia sagrada y preceptos morales.

La Pedagogía de la interioridad, San Agustín elevó esta formación al proponer que el verdadero conocimiento se capta en lo más profundo del alma a través de la iluminación divina, presentando a Cristo como el único “Maestro interior”.

El Ideal humano, cuya finalidad última de esta educación era guiar al hombre por la senda de la verdad para alcanzar la felicidad plena en Dios, superando el mero verbalismo y priorizando la vivencia de las virtudes cristianas.

La enseñanza religiosa tradicional, especialmente en su forma de catequesis, se basaba en la transmisión de verdades reveladas y fórmulas dogmáticas como el “Credo”, orientadas a la transformación íntima del hombre para un destino eterno. Esto muestra una visión completamente contraria a los programas educativos actuales y se menciona en los planes actualizados de educación uruguaya.

El Plan 2023 se aleja de la memorización de contenidos cerrados. El objetivo no es la adhesión a un dogma(a diferencia de la iglesia que practica un dogma) sino que el estudiante o alumno desarrolle capacidades para actuar en situaciones nuevas, destrezas y actitudes.

“(…)Los nuevos dispositivos de enseñanza y de evaluación deben permitir superar la trasmisión acrítica, la acumulación y la yuxtaposición de conocimiento. Estos abordajes implican reconocer la importancia del trabajo en equipo interdisciplinario, la posibilidad de crear conocimiento en situación, en diversos contextos y realidades. Ello conlleva a que, desde el comienzo de la formación de grado, se promuevan diferentes maneras de acercarse al conocimiento, con formadores que trabajen en equipos pedagógicos, reconozcan la producción colectiva y la integración de áreas del saber que superen las fronteras del conocimiento escolarizado.(…)” (ANEP, 2023:p32).

De forma explicativa, los enfoques educativos actuales en Uruguay plantean la necesidad de superar modelos de enseñanza sin cuestionar o pensar ese conocimiento planteado y rechaza la simple acumulación del mismo. Se promueve el aprendizaje activo y la integración de los saberes. Esto contrasta con el enfoque de los modelos tradicionales, que eran influenciados por las jerarquías que existían en la Iglesia y siguen existiendo. En este enfoque predominaba la memorización del saber.

Antes el aprendizaje era cerrado, jerarquizado y basado en la memorización. Diferente al actual que se enfoca en el aprendizaje crítico, abierto e interdisciplinario. En el magisterio tradicional (como el de Jesús), el principio de autoridad establecía una relación desigual donde el maestro era superior. Incluso en la edad media, el docente era el guía hacia una verdad ya establecida.

El nuevo marco sitúa al estudiante en el centro del proceso de aprendizaje, reconociéndolo como protagonista activo de su propia construcción del conocimiento. El rol docente se transforma en el de un mediador y facilitador que acompaña trayectorias diversas, rompiendo con la figura del “Magister Dixit” (el maestro ha dicho).

De la Formación para la “Salvación” a la Ciudadanía diversa y muchas veces multicultural. La pedagogía cristiana tradicional buscaba guiar al hombre hacia la felicidad plena en Dios y la vivencia de virtudes cristianas como base de la moral social.

El Plan 2023 define como fin la formación de ciudadanos globales y locales capaces de vivir en una democracia representativa y rompe con la idea previa de la Iglesia. La ética ya no se fundamenta en la religión, sino en los Derechos Humanos, la inclusión, la diversidad y el respeto al ambiente.

“(…)El motivo más hondo que pone en movimiento la dinámica de la formación es para San Agustín la situación de conflicto en que se halla todo hombre. Es una inquietud que nace de la clara aspiración que todos tenemos por encontrar el camino hacia la verdad y la felicidad. El querer ser felices es el móvil más poderoso del hombre. Agustín ha buscado por todas partes las respuestas a las muchas cuestiones del conflicto sin encontrarlas. Por fin las halla en la formación cristiana(…)” (Moreno.1971:p146).

San Agustín sostiene que existe una analogía absoluta entre la verdad y la felicidad, y que el fin de la educación es guiar al hombre para que alcance la felicidad plena en Dios. El fin último de la educación es guiar al hombre a la verdad para que pueda alcanzar la felicidad plena, que solo se encuentra en Dios. Se busca el conocimiento verdadero en el alma, donde se encuentra la verdad y solamente es posible mediante la gracia divina.

Afirma que el único y verdadero maestro es Jesucristo (Maestro Interior), quien ilumina el alma desde dentro para que el hombre encuentre la verdad que lo lleva a su destino eterno.

INFLUENCIA DE LA IGLESIA EN LA EDUCACIÓN URUGUAYA.

En el período colonial la influencia de la Iglesia en la educación de la Banda Oriental fue determinante, siendo las órdenes religiosas las encargadas exclusivas de sistematizar la enseñanza bajo el régimen del Patronato Real.

Dado que la colonización efectiva de este territorio fue tardía y se mantuvo como una zona de frontera, la infraestructura educativa fue más modesta en comparación con otros centros virreinales, pero fundamental para la formación de la identidad regional.

Las órdenes de los franciscanos y los jesuitas fueron los principales agentes civilizadores y docentes en el territorio. Los Franciscanos fueron los primeros en llegar, estableciendo reducciones ya en 1625 (como San Francisco de los Olivares y San Antonio de los Chanás).

A partir de 1743, comenzaron a impartir formalmente la enseñanza de las primeras letras en una escuela de varones. Tras la expulsión de los jesuitas, reasumieron el liderazgo educativo, destacándose por formar a la generación de patriotas que forjaría la independencia.

Los Jesuitas se establecieron en Montevideo en 1746 y su impacto fue inmediato al fundar la primera escuela de la ciudad. Además de su labor en las ciudades, su influencia fue clave en la formación rural a través de las misiones y estancias, introduciendo no solo doctrina sino también conocimientos técnicos y económicos. Otras órdenes fueron las de los Dominicos y Mercedarios, ellos también participaron en las tareas de evangelización y servicios básicos, aunque con una presencia institucional menos centralizada en lo educativo que las dos órdenes anteriores (Franciscanos y Jesuitas).

El objetivo central era la formación del “ideal cristiano de perfección” y la salvación del alma mediante la imitación de Cristo. La teleología educativa establecía que el fin último del hombre es la eternidad y la felicidad plena en Dios. Por su parte, en la educación actual su fin es completamente diferente, teniendo en cuenta el sistema político que manejamos en la actualidad.

Podemos ver cómo se expresa la idea o fin de la educación actual en la siguiente cita: “(…)Repensar la educación en función de los requerimientos de la sociedad actual, a la cual se le atribuye el nombre de ‘la sociedad del conocimiento’, ha hecho reestructurar la educación pasando de una educación con énfasis en lo cognitivo a una educación integral, en que se involucre el conocer, hacer, ser y convivir; para lograr un proceso de construcción del conocimiento que permita a los estudiantes desarrollar un pensamiento y modo de actuar lógico, crítico y creativo; y esto, para el bienestar de sí mismo y de los demás, sobrepasando el individualismo para lograr el Buen Vivir(…)”(ANEP EBI, 2024:p21)

El fin es desarrollar de forma integral al individuo para el “Buen vivir” y el bienestar social en un marco democrático, republicano y representativo. Se busca formar a los ciudadanos globales y locales competentes para actuar en una sociedad incierta y cambiante.

El programa y la forma de educar son diferentes debido a su fin, el rol que cumple la educación en cada posición. Para la visión de la Iglesia, la educación es el brazo de la evangelización. Mientras que en la actualidad se busca una educación integral y el pensamiento crítico, para lograr el “Buen Vivir”.

En el esquema colonial, la educación era el brazo ejecutor de la evangelización, amparada por las leyes de los Reyes de España que obligaban a la instrucción religiosa de los habitantes. La corona ordenaba que los sacerdotes enseñasen a leer, escribir y la doctrina cristiana con claridad.

Los conventos funcionaron como los únicos focos de cultura en una sociedad patriarcal, donde el sentimiento religioso penetraba todas las formas de vida social y civil. Los intentos de educación superior en la Banda Oriental fueron laboriosos y dependientes de las órdenes. En 1767, el franciscano Fray Mariano Chambo estableció una cátedra de Filosofía en el Colegio de San Bernardino, sentando un antecedente de estudios preuniversitarios.

A pesar de estos esfuerzos, la educación colonial uruguaya careció de una jerarquía propia, dependiendo siempre del obispado de Buenos Aires. Existiendo una debilidad institucional en este aspecto.

No hubo universidades ni monasterios femeninos en el territorio durante este periodo, lo que obligaba a los jóvenes de familias acomodadas a completar su formación en Córdoba, Chuquisaca o Europa.

En conclusión, la pedagogía colonial en el Uruguay consistió en una unión inquebrantable entre la fe y las letras, donde las órdenes religiosas no solo transmitían conocimientos básicos, sino que moldeaban la moral pública y preparaban el terreno intelectual para los procesos de autonomía que sobrevendrían en el siglo XIX.

Tras la independencia, Uruguay nació como un Estado confesional donde la Constitución de 1830 consagraba a la religión católica como oficial. En este primer periodo republicano, la Iglesia y el Estado coexistieron en una “superficial armonía”, y la enseñanza de las primeras letras seguía mayoritariamente en manos de órdenes religiosas como los franciscanos y jesuitas.

El hito inicial de la institucionalización en manos del Estado fue el Instituto de Instrucción Pública en 1847, creado durante la Guerra Grande para poner en manos del Estado el control del sistema educativo y afirmar la competencia de los poderes públicos en la enseñanza.

Otro hito fue la fundación de la Universidad de la República en 1849, nació bajo la advocación de la Iglesia Católica como una supervivencia formal del periodo colonial, el control real lo ejercía el Estado a través del ministro de Gobierno como patrono. Su estructura original, basada en el modelo napoleónico, abarcaba todos los niveles de instrucción: primaria, secundaria y superior.

LA REFORMA DE JOSÉ PEDRO VARELA.

La gran transformación ocurrió con la Reforma Vareliana, impulsada por Varela tras su contacto con las experiencias educativas de Estados Unidos y su vínculo con Domingo Faustino Sarmiento.

Uno de los ejes fundamentales fue la Ley de Educación Común (1877) que estableció que la enseñanza primaria sería gratuita, obligatoria y laica. Con esta ley, la escuela primaria se separó formalmente de la Universidad, creando una administración autónoma a través de la Dirección General de Instrucción Pública.

También, Varela concebía la educación como el instrumento esencial para eliminar las diferencias de clase y formar ciudadanos capaces de sostener una democracia republicana.

Aunque el proyecto original de Varela era profundamente secular, por razones pragmáticas la ley final incluyó el Artículo 18, que mantenía la enseñanza de la religión católica como obligatoria, exceptuando a aquellos niños cuyos padres se opusieran expresamente.

Moreno en el Magisterio de Jesús nos muestra una visión diferente a la plasmada en las Reformas Varelianas, por la parte religiosa se destaca que la teleología de Jesús es trascendente; busca la “salvación eterna” del hombre, orientando el interés hacia lo más íntimo de la persona y su destino en la eternidad. Varela rompe con esta jerarquía tradicional. Para él, la escuela gratuita es el instrumento para la “igualdad democrática”.

Otro punto a comparar es la laicidad por parte de la educación actual frente a la religión y su posición, “sin Dios no hay verdadera educación”.Ya por su contraparte Varela introduce la laicidad, inspirada en el positivismo y el racionalismo.

También existen similitudes en el plano educativo entre Varela y autores mencionados por Moreno, como Rousseau. La “educación natural” de Rousseau,describe como una revolución que centra todo en el niño, influyó en el pensamiento de Varela hacia una educación que respete el desarrollo del individuo, aunque Varela le otorgó un carácter mucho más estatal y ciudadano. De cierta forma se vió influenciado por la postura de Rousseau pero con sus matices.(Moreno et al., 1971:p429).

La reforma provocó una confrontación directa entre el positivismo liberal de Varela y la visión eclesiástica defendida por Jacinto Vera. Mientras que la postura de Varela defendía que la escuela pública debía ser neutral pero no necesariamente “sin Dios”, argumentando que el Estado no debía imponer dogmas sino principios morales comunes.

Merlo expresa que Jacinto Vera en su Carta Pastoral de 1878, el Obispo denunció que la exclusión o restricción de la religión en las aulas llevaría a la “destrucción de los valores espirituales” y al caos moral. Para Vera, no existía verdadera ilustración sin Dios, y el Estado no tenía derecho a violentar la conciencia de la mayoría católica.

Este periodo cerró con la Iglesia reorganizando su propia estructura educativa (fundando el Liceo de Estudios Universitarios en 1876) para contrarrestar la influencia racionalista, mientras el Estado afirmaba definitivamente su monopolio sobre la instrucción pública.

PERMANENCIAS Y RUPTURAS.

En este apartado voy a mencionar las similitudes que siguen presentes en el plan educativo actual en Uruguay, también, las rupturas que existen con la idea religiosa en el plano educativo.

A pesar de que la educación pública uruguaya se define como laica y secularizada, existe una profunda coincidencia en los propósitos humanistas entre la tradición pedagógica de la Iglesia y el actual Plan 2023. Ambas perspectivas coinciden en que el fin de la enseñanza no es meramente la instrucción técnica o la acumulación de datos, sino la formación de una persona capaz de actuar éticamente en sociedad.

Para el cristianismo, la educación busca la “transformación íntima del hombre” y se basa en el amor hacia los demás como norma de conducta. Figuras como Don Bosco proponían una formación basada en la trilogía “razón-religión-amor” para forjar el carácter.

“(…)Actúa de acuerdo con los principios éticos que rigen la profesión, reconociendo su identidad de educador y su compromiso con el mejoramiento del sistema educativo en su conjunto(…)” (ANEP Marco Curricular CFE, 2023:p36).

El marco actual establece que los futuros educadores deben actuar según “principios éticos que rigen la profesión. Se busca que el estudiante desarrolle un pensamiento y actuar “lógico, crítico y creativo” para el bienestar propio y de los demás.

Otro punto de unión entre ambas posiciones es la solidaridad, en la noción de “fraternidad” religiosa ha evolucionado hacia la “convivencia ciudadana” y el compromiso social del plan actual. En la tradición religiosa se destaca la “igualdad y fraternidad de todos los hombres”, autores como San José de Calasanz centraron su ideal educativo en la caridad y el servicio a los más pobres.

“(…)El programa actual busca que el estudiante desarrolle y fortalezca actitudes de solidaridad incluyendo las diferencias. Se promueven metodologías como el aprendizaje en servicio solidario para integrar a los ciudadanos en la complejidad de su realidad local(…)” (ANEP EBI, 2024:p17).

Otra similitud se encuentra en la visión de educación integral, la educación cristiana es “educación integral” porque busca alcanzar todas las facultades humanas, tanto naturales como sobrenaturales. Se considera que el sujeto de la educación es “el hombre todo, espíritu unido al cuerpo” Plan 2023 (ANEP)

El plan propone “reestructurar la educación pasando de una educación con énfasis en lo cognitivo a una educación integral”, donde se involucren el “conocer, hacer, ser y convivir”. Su objetivo es el pleno desarrollo de la personalidad humana en todos sus espacios (físico, motriz, emocional y social).

De cierta forma el sistema educativo uruguayo no rompió con la concepción integral del ser humano, sino que la “tradujo” a un lenguaje civil, mientras que la pedagogía cristiana tradicional veía al hombre como un “templo vivo” destinado a la eternidad, el Plan 2023 mantiene esa mirada de respeto absoluto pero orientada al “Buen Vivir” en la sociedad actual. Ambas posturas coinciden en que la educación no es un mero entrenamiento técnico, sino una herramienta para la dignificación de la persona.

También se utiliza la educación para formar el fundamento moral de las personas, en la religión se intenta imitar a Cristo. Del otro lado, el plan actual la ética se fundamenta en los Derechos Humanos. La laicidad uruguaya ha conservado la función de preservar ese propósito moral.

Uno de los principales puntos de ruptura entre la religión y la educación fue marcado por la ley de 1909, que suprimió toda enseñanza y práctica religiosa en las escuelas del Estado, y se consolidó con la Constitución de 1918, que estableció la separación total entre la Iglesia y el Estado.

Actualmente, el Marco Curricular 2023 ratifica la laicidad no como ausencia de valores, sino como la garantía de un tratamiento integral y crítico de todos los temas, asegurando la pluralidad de opiniones y creencias.

Otro punto a resaltar fue el enfoque científico, antes la educación basada en la Iglesia tenía un enfoque en la “revelación divina”. Hacia una fundamentada en la razón y el método experimental que se plantea en el plan educativo moderno. Esta ruptura sustituyó la formación para la salvación del alma por una formación basada en leyes naturales y sociales comprobables.

Otra diferencia presente de forma comparativa es la diversidad cultural y religiosa, Varela concebía la escuela pública como un espacio abierto a todas las creencias para tener un fin social y no religioso. A diferencia de la Iglesia, Jacinto Vera mencionaba que no había verdadera ilustración sin Dios, pero el Estado uruguayo optó por una neutralidad que respetara la libertad de conciencia de una población diversa, nutrida por corrientes migratorias con diferentes visiones del mundo.

Los programas de la Educación Básica Integrada actual incorporan explícitamente la diversidad cultural. Promoviendo el reconocimiento de diferentes realidades familiares, identidades locales y testimonios de migrantes para fomentar la convivencia democrática.

“(…)Contenidos estructurantes de las disciplinas del espacio y su contribución al desarrollo de las competencias específicas del espacio: El rol del Estado democrático (CE8, CE2). Construcción del concepto de ciudadanía (CE8, CE5, CE2).Ciudadanía y convivencia en los grupos humanos (CE9, CE2, CE1). Sociedades y sus interrelaciones históricas (CE7, CE4, CE3, CE1).Democracia (CE8, CE5).Los derechos humanos como construcción: logros y tensiones (CE6, CE4). Los niños, niñas, adolescentes y jóvenes como sujetos de derecho (CE6, CE2). Diversidad cultural: las manifestaciones culturales como signo de identidad (CE6, CE3).La violencia y sus distintas manifestaciones (CE6). Cultura y patrimonio (CE5)(…)” (ANEP EBI, 2024:p176).

También cambió el sistema educativo y su autonomía, teniendo en cuenta el plan actual que da más poder de decisión. Dicho plan introduce el concepto de autonomía curricular, que habilita a los centros educativos y a los docentes a reflexionar y tomar decisiones pedagógicas para contextualizar sus prácticas según las necesidades de sus estudiantes. Se puede notar como se adapta más a casos particulares en comparación con el sistema educativo en la Iglesia.

CONCLUSIÓN.

Realizando este ensayo se puede obtener como conclusión principal, el papel de la Iglesia en el sistema educativo en Occidente y en Uruguay. En occidente, durante la edad media, los monasterios y escuelas catedralicias preservaron la cultura clásica y sentaron bases de las universidades.

En Uruguay esta influencia fue absoluta durante el periodo hispánico, donde las órdenes religiosas (franciscanos y jesuitas) fueron los únicos encargados de la instrucción elemental y superior.

Por otra parte, la Reforma Valeriana fue un cambio y ruptura política (también administrativa) que más marcó al Uruguay. Pasar de un Estado ligado a la Iglesia a uno que reclamaba el monopolio de la educación laica. Aunque si bien fue una ruptura más dogmática (en la verdad que se tenía presente) que humanística. Figuras como Jacinto Vera que advertían “sin Dios no hay verdadera ilustración”, el sistema Vareliano no buscaba destruir el valor de la persona, sino sustituir la formación para la salvación del alma por una salvación individual y la ciudadanía democrática. El foco de la formación cambió y dejó de lado la influencia del cristianismo.

A pesar del profundo laicismo que define al Uruguay actual, existe una permanencia del humanismo integral que une ambos mundos. Tanto la pedagogía cristiana tradicional como el Plan 2023 coinciden en que la educación debe ser “integral”, abarcando todas las dimensiones del ser humano: física, cognitiva, emocional y social.

El respeto por la dignidad humana y la formación en valores como la solidaridad siguen siendo los pilares del sistema, aunque hoy su fundamento ya no sea el dogma religioso, sino el marco de los Derechos Humanos.

El Plan 2023 consolida rupturas técnicas y pedagógicas de forma definitiva. Antes se tenía al maestro como única fuente de verdad (mención al maestro interior del que hablaba San Agustín) para reconocer al estudiante activo y protagonista autónomo de su aprendizaje.

Mientras que la educación eclesial buscaba una síntesis del saber universal orientada a la fe, el plan actual prioriza el desarrollo de competencias (pensamiento científico, crítico y creativo) para actuar en una sociedad incierta y globalizada.

También, la laicidad como pluralismo donde la educación actual ha transformado la exclusión de lo religioso en una laicidad que garantiza el tratamiento crítico de todas las creencias, reconociendo las diversas visiones culturales, algo que se contrasta con el modelo del catolicismo colonial.

Lo que antes se entendía como una obra de misericordia y un camino hacia la eternidad, hoy se entiende como un derecho humano y un compromiso ciudadano.

La influencia de la Iglesia persiste no en los programas oficiales, sino en la concepción del alumno como un ser íntegro y digno, demostrando que el sistema educativo nacional, aunque profundamente laico, es heredero directo de una tradición milenaria que siempre puso al ser humano en el centro del proceso social de los individuos.

Para concluir con dicho ensayo, se hace una mención especial al movimiento cultural de Resurgir Nacional que rectifica la importancia de la Iglesia y los valores cristianos que fueron indispensables para la educación uruguaya.

-Christian Iguini.

Bibliografía:

⚫ ANEP (Administración Nacional de Educación Pública). (2022). Marco Curricular Nacional / Programas de la Transformación Curricular Integral.

⚫ ANEP (Administración Nacional de Educación Pública). (2023). Marco Curricular de la Formación en Educación (CFE).

⚫ ANEP (Administración Nacional de Educación Pública). (2024). Compilación de programas de Educación Básica Integrada (EBI). 1er Ciclo.

⚫ González Merlano, J. G. (2016). Educación y religión en Uruguay. Historia y perspectivas. Revista Latinoamericana de Derecho y Religión.

⚫ Moreno, J. M. G., Poblador, A. y Del Río, D. (1971). Historia de la Educación: Edades Antigua, Media y Moderna. Acción Pedagógica Contemporánea.

⚫ Universidad de la República. (1998). Breve Historia de la Universidad de la República. Colección del Rectorado.

⚫ Villegas, J., Coolighan Sanguinetti, M. L. y Arteaga, J. J. (1978). La Iglesia en el Uruguay: Libro conmemorativo en el primer centenario de la erección del Obispado de Montevideo. Cuadernos del ITU No 4.