Lecturas de la Santa Misa del martes 6 de octubre de 2026
Martes de la XXVII semana del tiempo ordinario
Memoria libre: San Bruno, presbítero
Habéis ciertamente oído hablar de cómo yo en otro tiempo vivía en el judaísmo, de cómo perseguía sobremanera a la Iglesia de Dios y la devastaba, y aventajaba en el judaísmo a muchos coetáneos míos de mi nación, siendo en extremo celoso de las tradiciones de mis padres.
Pero cuando plugo al que me eligió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, para revelar en mí a su Hijo, a fin de que yo le predicase entre los gentiles, desde aquel instante no consulté más con carne y sangre; ni subí a Jerusalén, a los que eran apóstoles antes que yo; sino que me fui a Arabia, de donde volví otra vez a Damasco.
Después, al cabo de tres años, subí a Jerusalén para conversar con Cefas, y estuve con él quince días. Mas no vi a ningún otro de los apóstoles, fuera de Santiago, el hermano del Señor. He aquí delante de Dios que no miento en lo que os escribo. Luego vine a las regiones de Siria y de Cilicia. Mas las Iglesias de Cristo en Judea no me conocían de vista. Tan sólo oían decir: “Aquel que en otro tiempo nos perseguía, ahora anuncia la fe que antes arrasaba”. Y en mí glorificaban a Dios.
Yahvé, Tú me penetras y me conoces. Sabes cuando me siento y cuando me levanto; de lejos disciernes mis pensamientos. Si ando y si descanso Tú lo percibes, y todos mis caminos te son familiares.
Tú formaste mis entrañas; me tejiste en el seno de mi madre. Te alabo porque te has mostrado maravilloso, porque tus obras son admirables; largamente conoces mi alma, y mi cuerpo no se te ocultaba, aunque lo plasmabas en la oscuridad, tejiéndolo bajo la tierra.
Aleluya, aleluya, aleluya. ¡Felices más bien los que escuchan la palabra de Dios y la conservan! Aleluya, aleluya, aleluya.
Durante su viaje, entró en cierta aldea, y una mujer llamada Marta, lo recibió en su casa. Tenía ésta una hermana llamada María, la cual, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Pero Marta, que andaba muy afanada en los múltiples quehaceres del servicio, vino a decirle: “Señor, ¿no se te da nada que mi hermana me haya dejado servir sola? Dile, pues, que me ayude”.
El Señor le respondió: “¡Marta, Marta! tú te afanas y te agitas por muchas cosas. Una sola es necesaria. María eligió la buena parte, que no le será quitada”.
Texto bíblico: La Sagrada Biblia, traducción de Mons. Juan Straubinger.